Ir al contenido principal

Jazz

Redonda
ondulada
burbujeante
oscura
púrpura.
La música es suave,
sólo unas notas del piano
el hielo
y el humo.
La luz la provee
una lámpara de pie naranja
de donde caen como cortina
unas cuantas borlas que apenas se mueven
acompañando
las voces de mis memorias.
Confortable soledad.
El calor y el frío justos,
juntos,
en el vaso;
y mis labios arden con el
líquido dulce y rojo
del vino.
Las piernas en perfecta geometría
triangular
sobre el espejo.
Mi mirada delineada
y el rimmel
y el cabello negro
seduciendo
la gravedad del bajo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aceptación

Saludo al sol con el vientre firme silbando entre mis dedos el aire y vasto el cielo La salvia y la miel endulzando la corteza que esconden mis tejidos. Ofrezco mi vida al viento El rocío, restos de sol y los gusanos fertilizando el humus, creando vida Ya no es tan malo, el ciclo se expande y ahora sé, ya no es tan malo. Hoy es el día de mi muerte. Despedi mi eternidad. Expulso la calidez de mi aliento, abrazo mi mortalidad
LIBERARSE DESATARSE LOS CORDONES Y LAS MANOS DE AQUELLOS QUE NOS SOSTIENEN LIBERARSE DE LO BUENO, ES, AUN MÁS DIFÍCIL SENTIRSE LIBRE DE NO TENER, DE NO DESEAR, DE ESTAR VACÍO DE VICIOS, SIN ADORNOS, VACÍO DE EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS Y EXPERIENCIAS AJENAS, VACÍO DE AYUDA. HOY ES EL DÍA EN QUE ME LIBERO. Y TE SUELTO. Y TE DIGO GRACIAS, ME VOY. CAMINARÉ DESCALZA, ANHELARÉ TU AYUDA PERO INCLUSO CUANDO FLAQUEE Y TE LLAME A GRITOS Y LLORE SI NO ESTÁS, SI NO OYES. HOY TE SUELTO. AUNQUE ME DUELAN LOS PIES CON CADA PASO, AUNQUE MI GARGANTA NO REGALE VOZ, AUNQUE MI CABELLO ME CUBRA EL ROSTRO Y LAS MEJILLAS ME ARDAN DE VERGÜENZA, VERGÜENZA HECHA LÁGRIMAS, Y MIS OIDOS SORDOS TE BUSQUEN, HOY TE SUELTO. PORQUE ASI SOLA, ME HARÉ. Y AUNQUE TUS MARCAS SON PARTE DE MI, IGUAL QUE TU SANGRE, HOY DECIDO ESCRIBIR MI PROPIO DESTINO. VUELO LEJOS, TE AMO PERO ME VOY. HOY TE LIBERO.

No puedo

No puedo obligarte, no puedo. No puedo obligarte a que me pienses cuando llega el otoño y el color tibio de las hojas te ponga melancólico y extrañes mis mates. No puedo obligarte a que me recuerdes en cada risa, en cada llanto, en cada copa, en cada abrazo. No puedo obligarte a que escuches esa canción que bailamos juntos y me imagines en un tiempo y espacio donde soy absolutamente genial. No hay manera, de obligarte a que te importe mi opinión o mi tiempo. No puedo obligarte a hacerme importante, fuerte, inteligente, capaz. Me resulta imposible hacerte creer en mis talentos, si es que tengo. No puedo, no soy quién, para decidir cuándo sentir que soy imprescindible. No puedo forzarte a elegirme, ni  a afirmar con intensidad que nadie podrá jamás igualarme aún sabiéndome vulnerable. Y al cabo de todo este enorme asunto solo sé, tengo la única absoluta y desdichada certeza de que no puedo ser quien no soy: una persona más que intenta, pero...